CRÓNICAS DE VIAJE DE CLARENCE FISK

 

DE LA DESERTIFICACIÓN, UNA  IGLESIA Y EL PICHIGÜEN

 

UN PASEO DE DÍA DOMINGO A PUNTA DE CHOROS

 

El fin de semana largo para la fiesta de San Pedro y San Pablo, decidimos con Paty y nuestra amiga Lucy, hacer un paseo, desde la casa de mis primos en el Valle del Elqui “La RucaLópez”, hacia en norte de La Serena. Queríamos salir por el día para ver hasta dónde podríamos llegar antes que se nos echara encima el anochecer. Salimos temprano sin rumbo fijo, tomaríamos la Panamericana Norte en dirección a Vallenar. Desde La Serena a Vallenar hay 198 kilómetros; era un viaje demasiado largo para hacerlo en un solo día especialmente si queríamos ir “carreteando” y parando en los lugares que nos llamaran la atención; siempre con la idea de que tendríamos que encontrar un buen lugar para comer un rico pescado frito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra primera parada fue en el Club de Golf de La Serena, a unos diez kilómetros al norte de la ciudad. Es un lugar bellísimo donde se está construyendo un conjunto habitacional de los más lujosos de Chile. Se puede visitar la casa club para tomar un café para luego salir a pasear por las dunas hasta llegar a la playa donde el mar rompe con una fuerza increíble. Es bellísima la costa en esta área, el cielo estaba limpio de un color azul intenso que contrastaba con el mar, la flora de las dunas es de lo más llamativa, la arena es blanca y muy fina, a lo lejos se ve la Cordillera de la Costa que cae al mar.

 

Ese día salimos sin tener un rumbo predeterminando; pasamos frente a la antigua mina de hierro del Tofo para tomar un camino de tierra hacia la costa, saliéndonos de la Ruta 5 a unos 80 kilómetros al norte de la ciudad. Existe aquí un cartel que nos indica “Los Choros Bajo y Punta de Choros”. Ese día había olvidado mi guía y mapa carretero, por lo cual tenía una idea vaga de dónde estábamos. El camino de tierra está en muy buen estado, y es necesario detenerse a cada rato para sacar fotos de los cactus, las flores del desierto y los colores cambiantes del cielo y de los cerros. Estas son algunas fotos. He buscado el libro de Adriana Hoffmann sobre la flora del Norte Chile, pero está agotado. Por lo cual no podré identificar los distintos cactus y flora. Se los dejo a ustedes para que se entretengan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Paty y Lucy paradas frente a estos magníficos cactus en ruta al pueblo de Choros Bajo.

 

 

 

En el camino nos para un vehículo, una señora nos indica que siguiendo por este camino pasado el pueblo de Choros Bajos encontraremos un parque donde habitan guanacos; (nos vio con aspecto de turistas). Entramos al pueblo que resulta ser una pequeña joya. En el centro hay una bella plaza plantada con olivos, en los cuales maduran unas aceitunas grandes. A un costado hay un colegio parvulario, tiene una reja de madera de palitos cada una pintada de un “lápiz de color distinto” En frente encontramos la parroquia de San José. Dice su Himno: “!Oh glorioso San José! Que aquí en Los Choros tiene su altar. Y reine siempre triunfante Cristo en este pueblo noble y leal.”

 

 

El colegio de Los Choros con su reja de lápices de colores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Iglesia de San José de Los Choros Bajo

 

Estos son los olivos de la Plaza de Los Choros; las aceitunas están aún sin madurar.

 

El camino sigue hacia Punta de Choros una caleta de pescadores que está a unos 10 kilómetros de este pueblo. El camino es espectacular pues pasamos por una zona donde existen unas dunas de unos dos o tres kilómetros que el viento esculpe y empuja cubriendo tierras que antes eran áreas de pastoreo. Encontré los cercos de alambre de púas semi enterrados en la arena.

 

En el camino encontramos nuevas plantaciones de olivares, gente de mucha visión han plantado extensas áreas de olivos; sin embargo no se ve de dónde vendría el agua de regadío a no ser que existan napas subterráneas, o se recupere agua de la camanchaca. Esta zona debió ser fondo del mar pues encontramos entre las dunas una extensa zona cubierta de conchas de caracolas blancas. Son bastante grandes y es entretenido coger las para hacer artesanías o simple decoraciones. Sin embargo no encontramos el camino que nos llevaría al parque de los guanacos que nos había indicado la señora de Los Choros Bajo.

 

Estas son las dunas que corren perpendiculares a la costa, y avanzan hacia el sur. Esta zona ha sido intervenida por las organizaciones del gobierno y las universidades para experimentar diferentes métodos para detener el avance del desierto hacia el sur. Paty coge conchitas de caracolas blancas de entre la arena de las dunas.

 

Se llega a la orilla del mar en la caleta de Punta de Choros al frente se ven la Isla de Damas y ,un poco más al sur, la Isla Choros. Esta es una zona de intensa actividad durante el verano. Existe club de buceo y pesca submarina; excursiones en lanchas hacia las islas para observar la llegada de los delfines; y para los más osados se practica el surfismo. Los botes de los pescadores están alineados frente al mar. Encontramos varios restaurantes; entramos a uno que es de los pocos que están abiertos fuera de temporada. Nos servimos pescado frito con una abundante ensalada a la chilena (tomate con cebolla picada en pluma). Nos sorprende la cocinera que nos trae un pescado que nos era desconocido; se trata del Pichigüen. La dueña y cocinera del restaurante nos jura que es más exquisito que nuestro conocidísimo congrio. Hemos vuelto contentos después de haber gozado con este pescado tan delicioso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El nombre del bote lo dice todo “Quise Olvidarme de ti”

 

De vuelta el sol está más bajo y cambian los colores del desierto, pero podemos aún gozar con la flora que nos rodea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un espino en medio de las dunas torcido por acción del viento; el color del cielo cambia a medida que el sol se pone.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Clarence Fisk

 Santiago,

Agosto, 2005